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¿CUÁNTAS VECES CAMBIA TU JEFE DE OPINIÓN AL DÍA? ¿A LA SEMANA? ¿AL MES?

Foto propiedad Juan Martínez de Salinas MurilloEl trabajar en cualquier organización suele suponer tener que buscarse la vida en mayor o menor medida. La cuestión es que no podemos pretender que nos den todo mascado. Como ya he comentado en más de una ocasión todas las empresas tienen sus cosas positivas y otras a mejorar, es decir, no existe la empresa perfecta. En todas surgirán aspectos que nos desesperarán, a veces será un jefe, en otras ocasiones algún compañero, luego pueden ser determinadas condiciones laborales… La cuestión es saberse adaptar a ellas y alcanzar un equilibrio.

Hoy quiero abordar en este post la falta de criterio de algunos responsables a la hora de dar directrices de trabajo. Está claro que, nos guste más o menos, se deben seguir las directrices de nuestros responsables siempre que tengan una coherencia y sentido. El problema surge cuando hoy te dicen blanco y a los días cuando ya lo tienen avanzado te dicen negro y supone deshacer todo lo avanzado.

Hace poco hablaba con una amiga que trabaja en comercio exterior y me contaba que su jefa le había dicho que tenía que viajar en septiembre a Estados Unidos para ver a sus clientes y visitar a potenciales clientes para aumentar la cuota de mercado allí. Se organizo todo para estar dos semanas por aquella zona y comenzó a cerrar agenda con sus clientes y contactos. Cuando ya lo tenía todo cerrado le comenta su jefa que para qué se va a Estados Unidos, que allí no merece la pena ir y que mejor que se quede en la oficina. Se pone a cancelar el viaje y a las dos semanas le dice su jefa que es prioritario que vaya cuanto antes  Estados Unidos y Canadá porque es área prioritaria en el plan estratégico de ventas del grupo. Este es un ejemplo de falta de organización en las directrices que se dan.

Esto puede parecer algo atípico en las empresas pero, por desgracia, está a la orden del día. Muchas veces te hacen dedicar mucho tiempo de trabajo a un proyecto, proceso o tarea que se convierte de un día para otro en esencial. Estas cosas pasan, sin embargo, dejas otros temas parados e inviertes mucho tiempo en esa nueva prioridad. Cuando ya lo llevas muy avanzado te dicen que finalmente se paraliza porque no lo terminan de ver. A veces determinados proyectos no salen por diversos motivos, sin embargo, no puede ser que el motivo sea “porque no lo terminan de ver”. Porque ese tiempo invertido es perdido para la empresa porque normalmente lo avanzado se queda en un cajón cogiendo polvo, sin intentar lo en algún otro proyecto o como idea innovadora.

Es muy frustrante y desesperante hacer una cosa para tenerla que hacer de nuevo en dos días porque determinada persona cambia de opinión.

No todo lo que hizo el anterior responsable está mal y, algunos de los proyectos que se estaban desarrollando, pueden continuarse aplicando determinados cambios menores. Su suele ser habitual que cuando se produce un cambio de responsable en el departamento de una organización se tiende a desacreditar al anterior inquilino de ese puesto y decir que todo lo indicado por él estaba muy mal. Esto es muy habitual en España y tenemos que asumir que todas las personas hacemos cosas bien y otras no tan bien. También es cierto que el que no decide nada nunca se equivoca porque no se arriesga.

Una empresa y sus departamentos deben tener una estrategia y planificación anual. Lógicamente se producirán las adaptaciones necesarias para conseguir llegar a los objetivos marcados. Lo que no funciona en absoluto son aquellos responsables que van sobre la marcha, sin planificación alguna y sin seguir plazos de ningún tipo. Aun siguiendo los plazos previstos para los proyectos o tareas planificados, se producen desviaciones o imprevistos no esperados. Si se va sobre la marcha ni os cuento el caos, desbarajuste e incidencias que surgen. Ir sobre la marcha nos puede funcionar una vez y a lo sumo dos veces pero no siempre. Las cosas se deben preparar con tiempo porque, no podemos olvidar que determinadas tareas, proyectos y objetivos requieren un trabajo a largo plazo pasando diversas fases. Lo que no puede pretender un responsable es conseguir objetivos no previstos de un día para otro o que un proyecto esté listo en dos días, porque las cosas poco trabajadas hacen aguas por todos los sitios. A veces, es preferible saberse retirar a tiempo que ir a hacer un ridículo espantoso.

No podemos negar que la existencia de este tipo de responsables no es culpa de ellos sino de las organizaciones en las que moran que suelen ser caóticas, desorganizadas, estáticas y resistentes al cambio. Este tipo de compañías suelen ser las que enarbolan como frase corporativa de “Eso no sirve para nada” cuando se propone algo nuevo o diferente. Con ese tipo de mentalidad nunca se harán cosas nuevas o diferentes. El cambiar las cosas supone arriesgarse y hacer las cosas de otra forma sin saber a ciencia cierta si funcionarán.

Los resultados pueden tardar en llegar y cuando llegan suelen tener después un buen trabajo donde se ha invertido tiempo y se ha insistido con un trabajo mejor a pesar de las dificultades.

Me gustaría saber vuestras experiencias con responsables qué cambian constantemente de opinión y cuál ha sido vuestra estrategia a continuar.

¿Cuántas veces cambia tu jefe de opinión al día? ¿A la semana? ¿Al mes?

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