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¿ES ESTE EL TIPO DE UNIVERSIDAD QUE QUEREMOS?

Es una realidad el afirmar que muchas empresas no tienen ninguna presencia en las universidades y, por ende, estas no son conocedoras de la realidad empresarial. Es cierto que se va mejorando en comparación con otras épocas, sin embargo, aun queda mucho camino por recorrer. La mayoría de las empresas tiene contacto con la Universidad para solicitar alumnos en prácticas de cara a gestionar de forma administrativa con las entidades universitarias competentes los correspondientes convenios de prácticas. Si no fuera por esto, la relación entre empresas y Universidad sería prácticamente nula y esa es una relación muy secundaria y aleatoria porque su máxima finalidad no es ni colaborar ni establecer sinergias mutuas de las que puedan aprender ambas.

Según recientes encuestas cerca de la mitad de las empresas españolas (46%) no ha tenido ninguna relación con la universidad todavía.

La universidad, año tras año, sigue sacando miles de diplomados y licenciados que a medio plazo pasarán a engrosar la lista del desempleo o seguir formándose porque de su especialidad o rama académica no hay demanda de profesionales. Muchos de estos jóvenes profesionales se ven abocados a ocupar puestos muy por debajo de su preparación porque, antes que nada, necesitan sobrevivir, independientemente de cuál sea su aspiración profesional. Si comenzamos por afirmar que muchos de los estudios universitarios no dejan de ser una extensión de la enseñanza secundaria, con una metodología similar, grandes clases, clases magistrales con poca interactuación. Los estudiantes, a su vez, tienen que empezar a asumir responsabilidades, algo que no siempre pasa y ven en la universidad, un período donde vivir la vida y trabajar poco. Aulas con un elevado número de alumnos que acuden no por el interés, sino por que “les toca ir a clase”. Los contenidos los tienen mascados. La investigación propia del alumno es prácticamente inexistente. ¿Qué diferencia a la universidad del colegio o instituto? El nivel de acceso, a la universidad ha caído también. La exigencia es mejor que hace unos años. ¿Es este el tipo de universidad que queremos?

Siempre he defendido que la Universidad debería de estar presente de forma continua en el ámbito empresarial. Los futuros profesionales que están aun en las aulas deberían de tener que visitar empresas de forma habitual para conocer las profesiones más demandadas para sus estudios. De la misma forma, deberían de establecerse vivencias obligatorias desde los primeros años de carrera de pasar cortos períodos de tiempo de forma progresiva todos los alumnos en el día a día de los puestos que aspiran a ocupar para que se hagan una idea de lo que les espera y vayan adquiriendo experiencias vitales necesarias.

En las aulas de las diversas facultades se debe impartir, además de teoría, un alto componente de materia práctica, planteando casos prácticos de empresas actuales y reales que les haga a los alumnos pensar, buscar alternativas, afrontar retos, tomar decisiones y plantearse cómo superar dificultades laborales. Es decir, prepararse para lo que les espera. De la misma forma, se deben trabajar las competencias requeridas y necesarias en su área empresarial, es decir, se debe fomentar el trabajo en equipo, la iniciativa, la creatividad, la resolución de problemas y para ello se requiere en la Universidad se les permita a sus alumnos interactuar, innovar, practicar, llegar a diversas soluciones por diversas vías. No puede ser que la principal finalidad de aprobar los exámenes sea el superar una asignatura independientemente de que les quede o no conocimiento. Lo realmente importante debería ser el recorrido efectuado para llegar a los objetivos de cada asignatura y, para ello, deben existir diversos caminos y opciones. El profesorado no debe ser un transmisor de contenido sino un facilitador del conocimiento y el pensamiento.

Por ello, considero que los empresarios y sus profesionales deben ir a las aulas a contar sus proyectos, sus puestos de trabajo, sus necesidades, sus preocupaciones para mostrar la realidad, que tendrá que reflejar la necesidad de adaptación y flexibilidad.

El mundo empresarial está en constante evolución todos los días y, por ello, las universidades deben estar en consonancia, evolucionando en la misma manera con sus contenidos, su forma de impartir, las asignaturas necesarias, las competencias requeridas. Por ello, el profesorado universitario debe participar en proyectos empresariales que les permita ser concientes de esos cambios.

No puede ser que empresa y universidad vayan por autopistas paralelas pero alejadas una de otra debido a que cada una llega a una realidad diversa que no encaja en absoluto con la otra. La oferta de personas llenas de conocimientos que ofrece la Universidad debe casar con la demanda de personas que necesitan las empresas para afrontar los proyectos actuales. No basta con formarse sino con prepararse con lo necesario. Por ello, deben adecuarse aun más el número de plazas disponibles en cada carrera en consonancia a su mayor o menor demanda. Y esto no ocurre en la medida necesaria.

No conseguimos nada con modificar el tipo de estudios sino damos protagonismo y voz a todas las partes involucradas en el sistema como son empresas, alumnos y Universidad.

Lógicamente, soy conciente de que algunas de las cosas que propongo no son fáciles pero tampoco imposibles. Lo importante es ser concientes todos de que son necesarios cambios y nuevas formas de hacer las cosas para obtener resultados distintos. Por ello, lo primero es asumir que el planteamiento actual del sistema no es válido si queremos ser un país altamente productivo, competitivo y con un capital humano preparado.

Actualmente, un recién licenciado universitario carece de experiencia que le haga poder desenvolverse en el ámbito laboral. Es conocedor de la teoría, pero ¿sabe aplicarla al trabajo? Creo que debemos pensar en cómo cambiar la situación para que la universidad deje de ser un “expendedor” de títulos y esté más cerca de la realidad necesaria para llegar a los resultados óptimos, tanto para las empresas como para los licenciados universitarios.

  1. Hola Juan,

    estoy de acuerdo en prácticamente todo lo que exponen en el post. Este desajuste entre universidad y empresa ya existía hace ya 13 años cuando finalicé mis estudios y eso que creo que fui de las últimas generaciones que realizar un ‘prácticum’ universitario en una empresa te ofrecía la posibilidad de incorporarte al mercado laboral. De hecho, en mi caso así fue.
    Ahora el ‘prácticum’ ya no ofrece esta posibilidad debido a la coyuntura de nuestro país.

    Pero ¿no crees que se está hablando más de estudios universitarios y menos de los ciclos formativos? La realidad es que, independientemente de la situación en la que estamos inmersos, llevamos varios años en los que faltan profesionales de oficios manuales cualificados. No sólo aquí, si no en muchas partes del mundo.

    En mi humilde opinión, creo que se debería apostar por estos grados, facilitando la matriculación mediante subvenciones. Puede ser una medida complementaria al ajuste de plazas en universidades, tal y como comentas.

    ¿no crees?

  2. Hola Xavi,

    Gracias por pasarte y participar en mi blog.

    Totalmente de acuerdo contigo.

    Personalmente pienso que se deben potenciar los ciclos formativos de formación profesional en mayor medida y dar mayor flexibilidad de financiación. De la misma forma, se deben adecuar también a las necesidades reales de mano de obra. Después se deben producir una interactuación constante entre la universidad y la empresa que aun mejorada aun sigue siendo insuficiente. Sobre el papel todo queda muy claro pero luego la realidad es muy distinta por desgracia.

    Saludos,

    Juan

  3. Adhiero plenamente a todo lo que expones ya que es una movida interesante que deben hacerla tanto la facultad como los estudiantes mismos.

    Saludos!!!

  4. Hola Rosa,

    Gracias por pasarte y participar en mi blog.

    Veo que opinamos lo mismo.

    Saludos,

    Juan

  5. Hola Juan,
    Nos hemos “conocido” via Twitter @ippae.
    Respecto a este post, totalmente de acuerdo. Competencias para el alumnado, Profesores como facilitadores, alumnos con responsabilidades y competencias… etc.
    Pero no crees que deberiamos empezar desde mas “abajo”. En Ippae creemos que la escuela debe empezar a hablar de empresa.
    En los talleres que hemos realizado en los institutos del Maresme los alumnos “conectaban” con nosotros y como ellos decian, “les habiamos hecho pensar….”
    Creo que empezar por las familias y los jóvenes de ESO y Bachillerato y Ciclos Formativos, nos puede dar opciones en el futuro.
    Gracias por compartir con nosotros tus pensamientos y teorias.
    Te seguire en twitter.

  6. Hola Inmaculada,

    Gracias por pasarte y participar en mi blog.

    Por supuesto, ambas cosas son necesarias y se deben combinar en el aprendizaje y cambio de mentalidad. Se debe acercar la empresa a las escuelas y eso comienza por mostrarles qué son, para qué sirven y qué personas trabajan allí.

    Estamos en contacto.

    Saludos,

    Juan

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