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FAMA… ¡A CURRAR!

En estos últimos años, han proliferado los programas en los que personas desconocidas compiten en un programa de televisión para demostrar sus habilidades en alguna disciplina (Fama, Operación Triunfo, Factor X, Supermodelo, etc.) o en otras ocasiones van para vivir una experiencia y jugar sus cartas para intentar ganar bastante dinero y quizás dar el salto a la fama mediática (Gran Hermano).

Voy a centrarme más en los programas del primer tipo, en los que los concursantes van a aprender y demostrar lo que saben hacer en determinada disciplina, ya que tiene relación directa con el mundo laboral y la idea es hacer la correspondiente comparativa para ver las similitudes que existen y así que cada uno pueda sacar las conclusiones que le apetezca.

En este tipo de concursos, entran los candidatos que a juicio de los diferentes jurados, mejor han realizado las pruebas de los correspondientes castings. La primera pregunta que lanzo es ¿siempre entran los mejores y más preparados a este tipo de concursos?

Yo lo tengo claro y la respuesta es un no rotundo y absoluto; no entran los mejores de la habilidad que se busque, sino aquellos, que sin ser inadecuados, van a aportar unjuego mediático” que supondrá más ganancias a través de la publicidad, dejando en segundo término, el criterio que debería primar: las aptitudes para el perfil de la habilidad requerida para esa profesión o disciplina concreta.

Si os fijáis, este tipo de concursos en los que cada programa suele durar unas 2 ó 3 horas, se centran más en el cotilleo propio de la convivencia que en demostrarnos lo que saben hacer o cómo evolucionan en la habilidad o disciplina concreta. Desgraciadamente esto es lo que demanda la gente que ve este tipo de programas.

En las organizaciones empresariales pasa exactamente lo mismo. No siempre entran para los diferentes puestos vacantes aquellas personas más preparadas, con mayor valía o que mejor encajan con la oferta y con la organización. Va a depender mucho de la empresa y de los profesionales encargados de realizar el correspondiente proceso selectivo.

¿Cuántas veces entran a determinados puestos personas por “enchufe” porque son los amigos, conocidos, familiares de determinadas personas que ya están dentro de la organización, sin haber realizado el correspondiente protocolo selectivo para demostrar su valía? ¡Ojo! No digo que esto me parezca mal siempre que estas personas estén preparadas para los puestos que van a ocupar y no prime como único motivo de su selección el criterio subjetivo del “alto voltaje”. Porque a las empresas les interesa incorporar personas de confianza que vienen recomendadas por trabajadores que ya forman parte de la compañía porque son válidas para el puesto y cumplen sobradamente los requisitos solicitados porque esto va a aportar valor añadido a su candidatura. Está claro que entre dos personas que cumplen el perfil y que una viene recomendada por un trabajador y otra no, nos quedaremos con la recomendada.

El problema viene cuando determinadas personas entran a una organización porque conocen a “fulano o mengano” sin cumplir en absoluto el perfil requerido. Esto perjudica a las personas que ya están dentro y que son excelentes profesionales que van a tener que cargar con ese tipo de personas “intocables” que hacen que esas compañías no rindan adecuadamente.

Retomando el desarrollo de los concursos, vemos como en el avance de los mismos, se van eliminando a distintos concursantes por la decisión de la audiencia que, según se afirma, “es inteligente y con criterio”. Pero… ¿realmente lo es? Voy a lanzar un par de preguntas para que las respondáis por vosotros mismos: ¿se eliminan a los peores? ¿Siempre gana el mejor? De nuevo, mi respuesta a ambas es que no.

El publico que ve este tipo de concursos sólo ve una pequeña parte del desarrollo de los programas porque los organizadores de los mismos nos ponen un resumen de lo que a criterio de ellos es “más interesante o importante” desde el punto de vista de la audiencia a conseguir con la emisión de los mismos dejando a un lado la verdadera valía en esas disciplinas.

Los seguidores de este tipo de programas son influenciables por lo que les muestran programa a programa. En ese sentido, la edición del programa trasmitirá aquellas escenas que vayan encaminadas en la dirección que el programa quiere. Así, la audiencia es totalmente manipulable e influenciable.

Por ejemplo, es innegable el absoluto ridículo que hizo España en el pasado festival de eurovisión llevando al Chiquilicuatre como interprete por dejar la decisión en manos de la audiencia. Personalmente, de los finalistas, era el que peor cantaba y en donde primaba el espectáculo antes que la canción y sus habilidades. Eurovisión es un festival musical donde se debería evaluar la música y la calidad de la misma, quedando en un segundo plano el espectáculo. Este año, parece que la elección del representante la va a hacer un jurado profesional, que personalmente, es como debería ser. Esto es un ejemplo de lo que quiero mostrar. El que fuese este humorista es una falta de respeto para los cantantes y músicos que intentan ganarse la vida de esta forma, viendo como lo que menos se valora es como cante uno. Se hizo como un elemento mediático que tuvo su éxito. La canción se vendió y alguien se llevaría la “pasta” al bolsillo. Pero… ¿Era el mejor? ¿Era un candidato serio?

Volviendo al mundo empresarial, también ocurren situaciones similares. No hay cámaras que nos retransmitan los mejores momentos, pero de haberlas, seguro que muchos alucinarían. Las distintas empresas tienen en sus filas personas de todo tipo y condición. Y la pregunta a lanzar es ¿siempre permanecen en las mismas los mejores, desde un punto de vista profesional? Pues, aunque hay casos en los que así es, no siempre ocurre, aunque no nos lo creamos.

Muchos profesionales juegan sus cartas de forma dudosamente limpia porque hacen que entren en juego estrategias que nada tienen que ver con la forma de desempeñar sus puestos o lo que aportan, sino con sus propios intereses. De la misma forma que ocurre en los concursos donde hay una convivencia continuada entre los concursantes, se forman grupos con personas afines… y desgraciadamente, no tanto. Según la posición que tengan dentro del escalafón, ciertas personas van a hacen ver a los máximos dirigentes una situación distinta a la real, movidos por los intereses propios y no tanto por los de la empresa. Muchas veces, ocurre que este tipo de actuaciones “estratégicas” se llevan a cabo para ocultar sus limitaciones o carencias para desempeñar las tareas que se supone tienen que estar realizando.

Este tipo de actuaciones son más usuales de lo que uno piensa, como se puede ver en todos los programas de convivencia. Pero a diferencia de lo que pasa en televisión, las malas decisiones en una empresa entorpecen la supervivencia de la misma. Y al fin y al cabo, los verdaderamente culpables serán las personas que tomen las decisiones. En muchos casos, no habrán contrastado ambas versiones y se habrán dejado influir solamente por una parte, sin tener en cuenta lo que realmente beneficie a su empresa.

La teoría y la práctica tendrían que coincidir. Teóricamente, lo que debe primar es como desempeñen las personas su trabajo y lo que aporte a las compañías. La práctica dice que los intereses personales son los que mueven las decisiones de una empresa. Hay que saber separar la faceta profesional de la personal dentro del trabajo para ser justos.

Como en los concursos, la empresa va perdiendo “concursantes”. ¿Salen los peores o los que no apoyan las tácticas de ciertos puestos? ¿Se queda la empresa con “los mejores”?

Si se mueven por estos criterios subjetivos, que nada tienen que ver con el trabajo, la respuesta es clara. No. ¿Es la empresa realmente consciente de las decisiones que toma? Pongamos un ejemplo:

Imaginemos que una persona en un puesto estratégico está haciendo mal su trabajo o no llega a los objetivos esperados, por un mal planteamiento. Para salvar su puesto, enfoca la atención hacia otro compañero, que puede hacer su trabajo correctamente, sin embargo, no es lo que cuenta. Además, la persona encargada de tomar la decisión decide, curiosamente, que el puesto estratégico permanezca en el mismo, por su afinidad personal con esa persona, dejando a un lado lo verdaderamente importante. La víctima, aquel que menos se lo merecía.

Las compañías que tomen este tipo de decisiones no van a llegar demasiado lejos por sus propios méritos y tendrán que sacar, tarde o temprano, sus propias conclusiones de por qué pasa lo que pasa dentro de sus filas y de por qué las personas con valía, a la mínima oportunidad, abandonan la empresa o pierden el entusiasmo por el trabajo.

Pero, como se dice en el mundo de la “farándula”, el espectáculo debe continuar. Pero… tomando estas decisiones, la pregunta es clara: ¿hasta cuándo?

Las personas deben llegar al sitio que les corresponde por sus propios méritos jugando de forma limpia y aplicando el lema de que gane el mejor haciendo cada uno su papel compitiendo de una forma sana y saludable cosa que no siempre pasa. Tal y como vemos en la televisión, la vida no es justa. Estará en nuestra mano hacer que las cosas cambien, demostrando que tenemos criterio propio y que no necesitamos que nos digan qué es lo correcto o no.

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