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EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS

Hace ya un tiempo leí el libro de John Boyne “El niño con el pijama de rayas” que recomiendo leer porque es un gran libro muy rápido de leer que nos engancha desde el principio. Hace poco, han estrenado la película y la verdad que no la he visto aunque las críticas no la ponen muy bien.

Este libro refleja la grandeza y la miseria del ser humano porque muestra el lado positivo y negativo de nuestro comportamiento.

También nos muestra de forma muy inteligente que, dependiendo de con que perspectiva se miren las cosas, se pueden ver los mismos acontecimientos de una forma muy diferente, en función de quien nos los cuente. Muchas veces apoyamos posturas o ideas, no porque las compartamos sino porque las personas que las defienden merecen nuestro total apoyo; son de nuestra confianza y nos transmiten seguridad cada vez que nos cuentan las cosas.

Tienen una gran facilidad de palabra y nos transmiten un mensaje muy claro por distintos canales. Nos convencen de que eso es lo mejor para todos nosotros y nos hacen creérnoslo totalmente.

Por eso, es fundamental conocer todos los lados de una misma historia y, una vez recopilada toda la información precisa, podremos decantarnos por la parte con la que más nos identifiquemos.

En este libro, vemos la versión del holocausto judío desde ambos lados, relatado por dos niños. Por un lado, tenemos al hijo de un alto mando de un campo de concentración y por otro lado, a un niño que vive en el campo de concentración.

Cada uno cuenta su versión. El hijo del oficial alemán de las SS cuenta lo que le ha transmitido un pilar en su vida como es su figura paterna y no lo pone en duda porque para él, es una persona muy buena. Este niño cuenta lo que transmite su círculo más cercano. Cuenta lo que ve desde una perspectiva paralela.

El niño prisionero en el campo de concentración da su punto de vista fundamentado en lo que vive en su día a día. Es decir, cuenta lo que ve desde una perspectiva real.

El niño alemán comienza a dudar de su perspectiva una vez que, por casualidad, entra en contacto con el otro lado, representado por el niño judío que le cuenta lo que hay ahí en primera persona. Sus versiones son muy distintas. El niño judío al conocer el otro lado de la historia se muestra escéptico, haciendo caso omiso porque no le da ninguna veracidad.

Una vez que comienza a hacerse preguntas y generarle dudas, intenta que se las responda su familia, sin obtener la respuesta que él esperaba.

Por lo tanto, comienza una duda interna que le lleva a investigar más mediante la observación al detalle de su lado. A parte recopila más información día a día del otro lado llegando a establecer un vínculo de confianza que les cala hondo a ambos. La amistad de la infancia es inocente y verdadera porque, de momento, no se ha viciado por diversos agentes externos e internos.

El niño alemán ve que las personas que están al otro lado de la valla pasan hambre y que a ellos les sobra. No entiende esto porque ve a las personas de dentro de la valla y a las de fuera iguales. Es más, tiene más confianza y le caen mejor personas del otro lado que del suyo.

La moraleja está muy clara: todas las personas somos ante todo personas y, como tales, debemos tratarnos. Da igual nuestro origen, raza, sexo, ideología, orientación, religión, etc. Las personas tenemos que saber ver mas allá de esas características y ver a la persona que todos somos, independientemente de todo lo demás.

Está claro que coincidiremos más con unas personas que con otras por afinidad, sin embargo, eso no es excusa para dejar de tratar adecuadamente a las otras personas con las que menos afinidad tengamos.

Hay que respetar a todo el mundo porque todas las opciones son válidas siempre y cuando no causen un daño real a otras personas.

Esto es algo que no debemos olvidar y en la que todos tenemos que poner nuestro empeño para poder salvar las diferencias que tengamos con otras personas, usando fórmulas constructivas, como la comunicación.

El conflicto no nos lleva a nada bueno porque sólo consigue alejarnos. Las diferencias no son malas si sabemos tolerarlas y vivir con ellas. La diversidad es buena; si todos fuésemos iguales la vida seria muy aburrida.

También hay que saber detectar a los líderes correctos y no dejarnos arrastrar por personas que son líderes con facilidad de palabra pero cuyos fines no son nada buenos. Un líder hay que juzgarlo por lo que hace y no por lo que dice.

Tenemos que ir hacia delante, aunque desgraciadamente en nuestros tiempos actuales seguimos sin saber ver lo verdaderamente importante de las personas y nos influyen mucho las diferencias viendo a estos como enemigos cuando no lo son. Los enemigos somos nosotros mismos por verlo así.

  1. Jose Miguel Bolivar dice:

    Excelente post.

    En el momento que comprendemos que no poseemos la verdad absoluta, sino un punto de vista, tan válido como cualquier otro, se eliminan todas las barreras y se nos abre un mundo de posibilidades.

    JM

  2. Juan Martínez de Salinas dice:

    Hola JM,

    En efecto, ninguna persona posee la verdad absoluta, sino un punto de vista que tendrá más o menos veracidad o realidad que los otros. Debemos aceptarlos todos y es entonces cuando disfrutaremos con la diversidad en todo su esplendor.

    Saludos,

  3. Hola Juan:

    Me ha gustado mucho este post. El libro “El niño con el pijama de rayas”, que también leí, es un perfecto ejemplo para descubrir que la verdad tiene muchas caras.

    Hace tiempo escribí también sobre el tema. Aquí lo dejo por si te interesa: La verdad verdadera

    También me gustaría añadir que muchas veces nuestro cerebro, por ese instinto primitivo de supervivencia y protección, se queda con una realidad coloreada y adaptada a nuestro favor, en la que generalmente nosotros somos los buenos de la película y otros… los malos.

    Saludos,

  4. Juan Martínez de Salinas dice:

    Hola José F,

    Gracias por pasarte y participar en mi blog.

    Este libro nos hacer ver, que una cosa es nuestra verdad y otra muy distinta que sea la única y la valida.

    Muy interesante el post que adjuntas en el que hablas sobre este tema de forma muy adecuada desde mi punto de vista.

    Nuestra mente se queda con lo que nos interesa a nosotros mismos dejándonos siempre en el lado bueno. Sin embargo, todos tenemos la conciencia interna con la que tenemos que saber ver la realidad de las cosas aunque muchas veces no nos guste.

    Nos leemos.

    Saludos,

  5. Magnífico post, no podía ser menos que el libro, el cual me encantó. No he podido ver la película, pero he oído críticas malas, lo cual no entiendo, porque el libro es muy bueno.
    Está claro que cada verdad tiene dos caras y hay que ponerse en el punto de vista de cada persona.
    Con el libro yo intentaba ponerme en el lugar del niño alemán, que era el más perdido, pues el niño judío conocía demasiado bien la triste realidad y la verdad es que me metí tanto en su lugar que hasta a mí me costaba ver la “verdad”.
    Un gran libro, sin duda, que te hace pensar muchísimo.
    Un saludo.

  6. Juan Martínez de Salinas dice:

    Hola Carol,

    La verdad que hay veces que las películas versionadas sobre un libro son bastante malas porque es muy complicado recoger toda la historia sin cortar trozos. Y eso que yo no he visto esta película aunque las críticas eran nefastas.

    La verdad siempre tiene varios lados y hay que contemplar todos para poder posicionarse correctamente y de forma objetiva.

    En este caso la perspectiva paralela del niño alemán es mucho más dura porque para el abandonar su verdad supone poner en duda la palabra de su núcleo vital. Ante la duda necesita explorar con las consecuencias que luego tiene.

    Un gran libro que debería ser de lectura obligada porque hace que pensar.

    Saludos,

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