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EN EL TRABAJO ¿VESTIR FORMAL?

La semana pasada se desato la polémica en el pleno del Congreso de los Diputados cuando el actual Ministro de Industria, Miguel Sebastián, compareció en el hemiciclo sin corbata, en plan informal. El Presidente del Congreso le hizo llegar una corbata a través de un ujier pero él, amablemente, la rechazó porque, según palabras textuales suyas, “quería dar ejemplo”. A raíz de esto, se ha desatado un debate sobre si debe implantarse la informalidad o no en la vestimenta en el mundo empresarial. Pero tampoco es el primer miembro del Congreso que no lleva corbata. Los diputados, normalmente de partidos de izquierdas, llevan ya tiempo desatendiendo el uso de la corbata en sus comparecencias.

En el mundo empresarial, muchas multinacionales tienen, hace tiempo, implantado el ” casual Friday ” o vestir informal los viernes (cosa que me parece una tontería).
Porque ¿qué pasa? ¿Acaso el viernes no hay reuniones, ni hay que atender a los clientes?

Creo que la formalidad o informalidad en la vestimenta a llevar en el puesto de trabajo va a depender mucho del puesto que se ocupe y de las funciones a desempeñar. También en período estival, donde las temperaturas son más elevadas, hay que ser más flexibles para que los trabajadores puedan desempeñar sus funciones de la forma más cómoda posible. Si no, siempre está la “solución” de tener el aire acondicionado a tope, en perjuicio del ahorro energético tan de moda en la actualidad.

Está claro que en aquellos puestos de trabajo que no requieren un contacto directo con el público no es preciso vestir formal; se trabaja más cómodo con vestimenta informal. Además no tiene ninguna lógica hacer vestir de traje y corbata cuando no se requiere. Hay que adaptar la formalidad de la vestimenta a las funciones a desempeñar por cada trabajador. Tengo un amigo, que desempeña un trabajo a nivel directivo, que dice que, mientras no tenga visita, no se pondrá la corbata. En un principio puede parecer un comportamiento un tanto informal pero, como dice él, el puesto no lo da la corbata, sino el trabajo en si. Es una forma de pensar, ¿por qué no?

La vestimenta informal es una forma de motivar a los trabajadores y de tenerlos contentos.
Las normas tienen que tener su razón y su lógica no pueden imponerse porque la organización lo estime conveniente; de esta forma, se volverán contra ella estas reglas.

Muchas organizaciones hacen cumplir reglas de vestimenta rigurosas a todos sus empleados aunque no estén de cara al público;
desgraciadamente, suele pasar también que algún alto cargo aparece en las oficinas un martes con vaqueros y se consiente porque es jefe.

No olvidemos que si hay normas rigurosas de vestimenta
tienen que ser homogéneas para todos los empleados, ocupen el puesto que ocupen; de otra manera, pierden su razón de ser y respeto del resto de la comunidad.

No pasar por alto que el incumplir la política de vestimenta establecida por la empresa puede ser causa de despido, es decir, cuidado con tomarse esto a la ligera, debido a que puede ocasionar a los trabajadores, desagradables consecuencias.

La sociedad va cambiando y las empresas también. Actualmente hay más tendencia a permitir la informalidad en la vestimenta en el trabajo. Sin embargo, por mucha informalidad o flexibilidad que haya a este respecto, tiene que haber unas normas. De no ser así, la libertad pasa los límites lógicos y termina con una anarquía. No olvidemos que cada persona entendemos por informalidad una cosa diferente y muchas veces cuando más se permite, peor.

Hay que gente que entiende por informalidad ir a trabajar en chándal, en pantalón corto y chancletas de piscina, en mallas, etc.
No es que estas prendas incumplan ningún principio cívico, pero debemos saber distinguir entre la forma de vestir en el trabajo y en nuestra vida privada.

De todas formas, creo que,
para según qué puestos de cara al público, tiene que regir la formalidad de prendas; por lo tanto, suspenso para nuestro Ministro de Industria porque en este tipo de puesto tiene que dar ejemplo en otras cosas y no en esto.

También he de comentar que hace tiempo que se ha producido un cambio social hacia la formalidad vestimental. Se ha producido un relajamiento por un lado y por otro lado permisividad al respecto. Hace años a ningún candidato citado a una entrevista de trabajo se le ocurría acudir sin la vestimenta formal.

Hoy en día, raro es el candidato (para según qué puestos) que acude a la entrevista afeitado y con traje y corbata porque la sociedad actual permite muchas cosas que antes eran impensables. También depende mucho del sector de la empresa. Por ejemplo, en las empresas del sector de las nuevas tecnologías, la informalidad de los candidatos de cara a acudir a las entrevistas es algo habitual sin que nadie les haya dicho que esto es posible.

Muchas veces, las personas que estamos realizando habitualmente entrevistas nos preguntamos ¿Cómo te han dejado venir a una entrevista con estas pintas? Os puedo asegurar hay gente que acude con cada “modelito” que pasa de todo, menos desapercibido. Estoy de acuerdo en que las pintas no lo son todo e importa más el contenido que el continente, sin embargo, no hay que olvidar que vais a buscar trabajo. Por lo tanto, la imagen, querámoslo aceptar o no, es importante y hay que pasar desapercibido, cumpliendo con el protocolo vestimental necesario para realizar una entrevista. Si se opta por un “look” informal, al menos, habría que ir arreglado acorde al evento al que se acude, con una imagen aseada y “atractiva”.

El cambio está llevando a que muchas empresas indican a sus entrevistadores que acudan a realizar las entrevistas arreglados en plan informal para estar en sintonía con la nueva tendencia y, así, los candidatos se sientan identificados por este aspecto.

Lamentablemente, hay que adaptarse a este tipo de cambios, nos parezcan bien o mal porque la sociedad va evolucionando.

Personalmente, creo que cada vez más se va a imponer la informalidad en las reglas de vestimenta en los puestos de trabajo. Más que nada, porque es algo muy demandado por los trabajadores y es valorado muy positivamente por ellos. En los tiempos actuales, hay que adaptarse a las necesidades de nuestro recurso más valioso “las personas” para conseguir que permanezcan el máximo tiempo posible con nosotros. Obviamente, la forma de vestir no va a influir al 100% en su decisión pero sí, será un factor más.

Aun así, hay que mantener el norte y saber que se va a trabajar y que introducir la informalidad está bien siempre que sea posible. Para determinados puestos de trabajo va a ser preciso continuar vistiendo de rigurosa formalidad y, también, para ciertos actos de trabajo, a pesar de que nos quieran hacer creer lo contrario.

  1. Jose Miguel Bolivar dice:

    Buen tema para el debate. Al menos a mí me ha dejado pensando.

    Personalmente tengo la suerte de haber podido “aparcar” la corbata hace tiempo ya que mi trabajo así me lo permite. Lo malo es que cada vez que me la tengo que poner, es un engorro.

    Comparto contigo que hay que cumplir unos mínimos requisitos en cuanto al vestir, pero no acabo de tener una opinión formada sobre si eso convierte a la corbata en obligatoria o no (me inclino a pensar que no debería ser así).

    JM

  2. Este tema por supuesto que abre debate.
    Yo soy de las que piensan que la imagen sí cuenta, pero que también es verdad que depende mucho del trabajo (si es de cara al público o no).
    Para las entrevistas considero que es importante ir formal, al menos siempre quedará mejor si vas demasiado formal que si vas demasiado informal.
    Un saludo.

  3. Senior Manager dice:

    Yo creo que estamos atravesando una etapa de transición por lo que hay que tener mucho cuidado para no afectar a ninguna de las actuales tendencias si es que nos interesa conservar un empleo o entrar en una empresa en particular.
    Al margen de lo que hacen las multinacionales, pues es cierto lo del Friday Casual, yo sigo recomendando acudir a las entrevistas con corbata, pues nunca estará de más, pero si podría ser negativo no llevarla de acuerdo al caso.
    Creo que cada empresa tiene el derecho a estipular sus normas siempre que no afecte la salud o el confort del empleado. El resto son opiniones, ya que tiene tanta razón el que prefiere vestir y que se vista formalmente como el que no.

  4. Juan Martínez de Salinas dice:

    Hola José Miguel,

    En primer lugar gracias por participar.

    A lo bueno enseguida se acostumbra uno y cuando toca volver al uso de la corbata cuesta por la perdida del habito.

    Unos mínimos son precisos. Yo creo que la corbata para según que eventos (entrevista trabajo, etc,) es muy recomendable a pesar de lo que digan las nuevas tendencias. Efectivamente obligatorio nunca es, a no ser, que este establecido como política de empresa.

  5. Juan Martínez de Salinas dice:

    Hola Carol,

    Ciertamente no hay una única opinión valida para este tema. Depende como se argumente todas las opciones son igual de respetables.

    La imagen es algo que influye subjetivamente en todos nosotros. Sin darnos cuenta siempre vamos a juzgar la imagen de otra persona además de otros factores.

    Por lo tanto, a la hora de hacer una entrevista tenemos que vender nuestro producto y para esto todo cuenta hasta los más mínimos detalles. A una entrevista es preferible a nivel de vestimenta llamar la atención por vestir formal que informal.

  6. Juan Martínez de Salinas dice:

    Hola SM,

    Como bien dices, estamos atravesando una época de transición en la que muchas tendencias se han abierto camino en la política vestimental a la hora de trabajar. Todas son igual de respetables y veremos cual termina por imponerse.

    Yo creo que la corbata es muy recomendable llevarla al acudir a una entrevista de trabajo. El no llevarla podría ser tenido en cuenta como algo negativo en función de la organización a la que se acuda.

    Las empresas pueden estipular las políticas que consideren más adecuadas siempre que no atenten o perjudiquen a derechos elementales de los trabajadores.

    Por lo demás, todas las opiniones son validas.

    Aquí he intentado reflejar todas las posibles opciones sin decantarme tajantemente por una u otra.

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